oración

si yo fuera peregrina de mi misma
si llegara a la dulce
posada esmeralda
del corazón

martes, 26 de marzo de 2013

ELS JOGLARS Y EL COLOQUIO DE LOS PERROS


Todavía era febrero cuando subimos a ver a Els Joglars a su fantástica cúpula en Pruit. La nieve y la ventisca habían dejado muy hermosa la montaña.

vista desde la entrada de la Cúpula, en Pruit. El camino de entrada a los ensayos. foto E. Hibernia


Después de 50 años de compañía Els Joglars inicia un nuevo giro y andadura apoyándose en su querido y ya trabajado Miguel de Cervantes. De él toman El coloquio de los perros para crear una "pieza joyita". Entre las novedades está la dirección del espectáculo asumida por Ramon Fontserè, quien también interpreta al perro filósofo Cipión.

Son las diez de la mañana y las estufas dentro de la cúpula chutan a todo gas. Ramon, Pilar, Dolors y Xavi están mirando cómo resolver mejor la limpieza de movimientos en una de las escenas finales. Con paciencia de artesanos la repiten una y otra vez. Ramon, desde la silla de dirección está al cien por cien tanto en la concentración con que como director mira la escena como en las réplicas que como actor les está dando a sus compañeros. Me admira la energía y la presencia con que se sitúa a ambos lados.

A lo largo de los ratos que pase en la cúpula voy a disfrutar del placer de ver trabajar a este equipo de manera tan fina, tan meticulosa, poniéndolo todo cada vez que pasan por enésima vez sobre un minuto de espectáculo que no acaba de convencer a su director. A estas alturas ya hacen un pase diario de la función, sin embargo todavía hay espacio para la creación, para la generosidad entre compañeros que bulle con esa alegría lúdica que tiene que ser inherente al teatro.

Ramon da un plazo para que los actores terminen de calentar y se meten de lleno en el pase. Frente al escenario queda la mirada atenta de Martina Cabanas, quien hace la ayudantía de dirección y firma la dramaturgia junto a Albert Boadella y Fontserè. Descubro en Martina a una "todoterreno" con una gran capacidad de escucha y trabajo.

Pilar Sáenz y Ramon Fontserè como Berganza y Cipión. Dolors Tuneu y Xavi Sais como Tina, la pija, y el doctor castrador...
Foto Rubén Ibarreta


En el pase voy asistiendo a un montaje que apuesta por la esencia de la convención teatral, por la magia de hacer de lo poco, mucho, muchísimo. Con una de las escenografías más sobrias que se puedan imaginar se nos va desgranando una historia que pasa por diversos lugares, peripecias y personajes. El trabajo de dramaturgia ha sabido aunar de manera convincente el lenguaje de Cervantes, asumido por los dos perros parlanchines, Berganza – Pilar Sáenz y Cipión- Ramon Fontserè, con un lenguaje más actual y accesible puesto en boca del entrañable guardián de la perrera (Xevi Vilà) y los diversos personajes que pasan por la vida de estos dos perros. Estos personajes, al ser una memoria, un tiempo pasado, son diferenciados del tiempo presente por medio de un trabajo actoral desde la máscara y la Comedia del Arte. Los actores Dolors Tuneu y Xavi Sais se reparten un buen número de personajes, unos humanos, otros perros compañeros de perrera.

Todo el montaje es una apuesta por el valor de lo puramente teatral, del juego y la convención por encima del realismo: la descontextualización de objetos, la plasticidad de los cuerpos y la palabra, el espacio vacío como posibilidad infinita. El montaje fluye desde una aparente sencillez que conlleva un ímprobo trabajo, muchos descartes y una sabiduría del ritmo que está fraguada en años de experiencia.

Me llega El coloquio de los perros como una obra de risa suave, persistente. Cabalga ligera y atrapa la atención. Hay momentos que podrían explotarse hasta el desternillamiento porque son todos unos magníficos actores que manejan la comedia como nadie, pero el pulso del coloquio conmina a seguir ligeros, al galope, de historia en historia.

Manolo, el guardián de la perrera, es interpretado por Xevi Vilà. su escucha y su asombro guían a la escucha y al asombro del público.
Foto Rubén Ibarreta


Acaba el pase y el equipo se reúne cerca de una estufa para pasar notas. Yo deambulo por el espacio, me voy fijando en pequeñas cosas, en el vestuario colgado de las “burras” a ambos lados del escenario, en el mundo de cosas de detrás del gran banco que preside la escenografía, en lo quietos que se quedan los zapatos una vez que se quedan sin pies y sin excusa de caminos. Pienso también en que Els Joglars ha sabido cumplir un deseo que yo tenía cuando era jovencita y soñaba con dedicarme al teatro, el ser capaz de reunir una compañía y una estructura e infraestructura de trabajo que permitiera la creación libre. Hoy, con este 50 + 1 que es El coloquio… se suma a ese valor conseguido a través de años de investigar y crear la audacia de enfrentar estos difíciles tiempos ofreciendo un trabajo clásico y contemporáneo a la vez, esencial e imaginativo. Pocas son las compañías que se permiten y defienden un espacio de creación y ensayos de tres meses a jornada completa, pero las consecuencias de esa pasión y respeto por su trabajo brillan en el escenario.

Rubén Ibarreta ha recogido dos días de seguimiento atento a los ensayos y devenir de la compañía en sus cámaras. Una muestra del trabajo se puede ver en ENSAYANDO EL COLOQUIO. Cuando me enseña el recorrido por las fotos hay una de ellas que comentamos con igual emoción. Pilar, Ramón y Dolors, en el camino de nieve, tras cerrar la cúpula y un día de trabajo. Los primeros en abrir, los últimos en marcharse. Un momento fuera del escenario que habla de perseverancia y  valor.

Y ya era marzo cuando fuimos a Torelló a ver un ensayo general con público. Trescientas personas disfrutamos de lo lindo, y al acabar, en el vestíbulo, se escuchaba la misma profecía en cada corrillo: será un éxito. Así que eso espero, ¡feliz éxito, feliz Pavón y feliz y larga gira!

* Els Joglars estrenan El coloquio de los perros el miércoles 27 en el Teatro Pavón de Madrid.

Una de mis imágenes favoritas que capta el sabor del espectáculo y habla de estos magníficos actores.
Foto Rubén Ibarreta.


lunes, 4 de marzo de 2013

Júlia Bel en el Laberinto


 
Júlia en rojo. Una tríptico de una de esas tardes de común encuentro en Riereta. Fotos Eva Hibernia.



Este viernes 8 de marzo, a las seis de la tarde, en la tertulia El Laberinto de Ariadna que se instala en la quinta planta del Ateneo Barcelonés, la poeta Júlia Bel comparte con el público una panorámica escogida sobre su obra. Nuestro común amigo, Alfonso Levy, la acompaña en la mesa y hace las presentaciones, y seguro que será una presentación muy especial no sólo porque el sello de Alfonso es siempre único, sino porque sé que hay muchas cosas en común en la mirada y la sensibilidad de estos dos artistas.

Conozco a Júlia desde hace muchos años, somos amigas y hemos sido vecinas, socias, aventureras en el común sueño de hacer de la belleza, la poesía y el teatro nuestro oficio. Nuestra larga trayectoria de diez años con la Compañía Delirio, dando forma a una variedad de proyectos multidisciplinares está plagada de anécdotas, ilusión y mucho esfuerzo.

Pero sobre todas las cosas el inicio de nuestra amistad fue la poesía, y una de las cosas que más me gusta son nuestras tertulias espontáneas sobre tal o cuál poeta, leyéndonos cosas en voz alta, reflexionando e inspirándonos mutuamente alrededor de unas aceitunas y un buen vino tinto. Históricos y épicos son nuestros encuentros en el gran terrado de Riereta, donde yo vivía en el ático 1ª y ella en el ático 2ª, y allí, de camino a tender la ropa tocaba su puerta y hacíamos un ratito de charla, o compartíamos algún escrito que estaba recién sacado del horno.

Mucha y buena tinta merecen esos días. En esos años de amistad y confidencias he ido viendo como crecía el volumen de su obra, como su voz se iba transformando, adquiriendo matices, estableciendo afinidades con la sencillez del cuerpo de la poesía popular, dejándose inspirar por lienzos, ríos, corrientes musicales, lenguas semíticas, paisajes.

Disfruto mucho de la poesía de Júlia, y disfruto al máximo cuando la lee en voz alta, porque lo hace muy bien. Ella empezó trabajando en radio y después, a través de su dedicación escénica, ha sabido dedicarle atención y educación al arte de la rapsodia. No es fácil que un poeta diga bien su poesía y en Júlia hay una fusión entre voz y poema de una sencillez conmovedora, una potente presencia y un respeto al ritmo interno del poema musical y elocuente.

Es un privilegio conocer a una gran poeta y ver por dentro su cocina literaria, haber compartido la intimidad de muchos momentos, asistido como primera oyente a algunos maravillosos nacimientos. Es un privilegio estar cerca de alguien con una calidad humana y artística tan especial. Auguro para ella, que viste el vestido de la modestia y seduce con su timidez, un lugar importante y reconocido en nuestras letras, en las castellanas y en las catalanas. Así que amantes de la belleza, de la poesía, lectores, editores, cervatillos que corréis por Rambla Catalunya, si leéis esto ya sabéis que podéis compartir ese privilegio, unas horas, bebiendo de la fuente inspirada de esta gran poeta. 


jueves, 28 de febrero de 2013

Invención del paraíso, seis pasos



Corazón si eres la senda
Y yo soy el peregrino

Corazón si eres la puerta
Y yo soy la llave

Corazón si eres el vacíolleno del sol
Y yo tu derviche

Corazón si eres la madre que me gesta
Y yo la hija que te canta

Corazón si estás en mí
Si nazco en cada ti que pulsa

Corazón si tú me llamas
Si yo te amo

domingo, 17 de febrero de 2013

¡¡¡Ya está aquí!!! Y EL PREMIO SE HIZO LIBRO




El día 19 de febrero llegan a las librerías los ejemplares de Ratlles Blaves en catalán y Rayas Azules en castellano. Bajo ese título se despliega el cuento que ideé también por estas fechas del año pasado, y que me hizo pasar un momento en la escritura delicioso. Ese cuento mereció el XVè Premi de Comte Infantil Hospital Sant Joan de Dèu y desde la editorial la Galera me comunicaron que compartiría la aventura de editarlo con la ilustradora tailandesa Nilobon Kijkrailas.


Nilobon, quien me asegura que ha tenido que leerse cada página del cuento unas cincuenta veces y siempre con placer, ha resuelto una mundo de imágenes bellísimas, elegantes, líricas y dinámicas. Ha conseguido crear la ilusión de diferentes texturas y hacer de cada página una maravillosa obra de arte que se entreteje con el texto para ofrecer una linda pirueta a la imaginación del lector.



He de decir que mi niña pequeña (gracias a Dios aún sigue asomándose a mis ojos y a mis días) está fascinada con el cuento. Además le ha gustado mucho que Nilobon me subiese a un lápiz canoa que explore las más remotas selvas y paisajes ignotos para luego contarlos. También me maravilla que Nilobon sea una abeja vanguardista, con su cuerpo a rayas azules, dispuesta no solo a libar de las flores sino a inventar nuevas especies con sus pinceles mágicos.

Así, lectores felices -niños y niñas sedientos de aventuras, damas y caballeros que aún disfrutan alimentando su imaginación- abrid vuestros brazos y veréis de lo que sois capaces por el camino de las Rayas Azules…



lunes, 4 de febrero de 2013

cantar, cantar y cantar

El viernes, comenzando el mes, nos ponemos los zapatitos de tacón y nos pintamos la sonrisa y ¡ea!, ¡vamos que nos vamos pa' el Versus a ver La llaman Copla. Para resumirlo y condensarlo en una frase sencilla y primorosa: nos lo pasamos pipa. Hay que decir que una es coplera y le gusta fregar los platos rememorando el repertorio.




Precisamente el repertorio me sorprendió y me pareció un acierto la estructura y disposición de los temas,  un amplio abanico en el que se van mezclando  la copla y el cuplé más humorístico y la más "desgarrá" de las quejas, los solos, los dúos y los temas corales, a veces auténticos collages que ensamblan distintos fragmentos, como el muy sugerente "Medley Lorca". En cuanto al ritmo del espectáculo es todo un acierto que el segundo tema lo encarrile y borde Gracia Fernández, que precisamente está dotada de una gracia (como su nombre indica) y una finura en el hacer maravillosos, porque levanta el espectáculo y lo sitúa en una cota de buena disposición para el espectador. Todas las interpretaciones de Gracia, tanto desde el lado actoral como desde el musical tienen ángel y, sobre todo, están en el tono de la copla, exacto, fresco y lleno de brío. Además mueve unos hermosos brazos de bailarina y sabe dirigirse al público con mucho salero. Todo el equipo de cantantes suma y hay un buen empaste de conjunto; hay momentos de solos más brillantes que otros, pero todos merecen y reciben aplausos del público al que han hecho disfrutar. Mi único pero es que a veces se desajusta el tono de la copla y se visita algo más "melódico" o con color de "musical tipo Disney". En cualquier caso la labor del director musical, Marc Sambola, es bellísima, con arreglos y decisiones muy interesantes y un equipo de músicos en directo, piano, flauta y violín, que dan una textura singular y delicada a la orquestación. Esto contribuye a limpiar el espectáculo del posible "caspismo" e incluso "casticismo" de las orquestaciones tipo fanfarria clásicas. También el trabajo de dramaturgia y dirección de Marc Vilavella, limpio y dinámico, contribuye a hacer de este espectáculo una experiencia fresca, que despierta la sonrisa, la ternura, las ganas de ponerse estupenda, y los inevitables ¡olé! para celebrar esos finales tan dramáticos de los que gusta la copla. Dedicar al equipo uno de los piropos más bonitos que se pueden ofrecer a un espectáculo: gracias a todos, copleros, salí alegre, alegre alegre, y con ganas de cantar.

jueves, 31 de enero de 2013

La Invención del Paraíso_cinco pasos

hoy la alegría,
dejar al sol obrar su maestría y su libar
en la colmena de mis células, en el maestro
corazón
hoy

hoy la sabiduría
dejar al sol que hile su oro y teja el manto
de verdad fresca
que me cubra y descubra una realidad
fecunda 
hoy

hoy la armonía
dejar al sol la guía de las naves, el surco
que me lleva y me encuentra
la danza y sus brazaletes de luz, tintineantes
hoy

hoy la fusión
                    átamo con átono
                                              contigo sol
hoy

lunes, 28 de enero de 2013

Lecturas de estos días, pensamientos sobre la escritura, fe. (1)



Ayer, de vuelta a casa tras pasar una tarde memorable en el calor de la amistad y la buena conversación, tomé un libro de la estantería donde colocamos los libros peregrinos que vienen de la biblioteca o prestados de otros fondos. De una sola sentada y sin interrupción leí las 157 páginas de Déjame ir, madre, de Helga Schneider. Evidentemente me impresionó.

Previa a la novela leí la solapa donde se daban datos biográficos de la autora, a quien yo desconocía. Es la primera vez que leo en una nota biográfica sobre un escritor como dato relevante un suceso, o decisión, de la vida de la madre del autor. Es decir, la biografía de la madre de la escritora se vuelve biografía de la escritora. Esto, quizás, parezca una tontería, pero a mí me parece monumental. Lo escribo en neutro porque el hecho en sí ya me da mucho en que pensar, pero voy a precisar que ese dato biográfico de la madre es que cuando su hija, la escritora, tenía cuatro años, abandonó a la familia para ingresar en las filas de las SS. nazis (sólo de escribir la palabra “nazi” ya siento malestar).

Helga, nacida en Polonia, con una infancia entre Berlín y Austria, optó por un destino italiano. Es más, decidió que Italia se convirtiera en su patria y el italiano en su lengua adoptiva y su lengua de trabajo.

Como escritora las relaciones entre el escritor y su lengua materna son algo que me fascina, me inquieta, me conmueve. De hecho, gran parte de mi teoría y metodología como profesora de escritura tiene que ver con ahondar en el lenguaje para encontrar los vínculos absolutamente únicos que cada persona establece con el Verbo, cómo por adentro del leguaje siempre hay un “léxico familiar” en palabras de Natalia Ginzsburg, pero más aún, una tensión-relación con la capacidad de decir y expresar que son una huella digital que contiene la individuación del escritor y, además y en manera misteriosa, la síntesis de una potencia de pensar/sentir y obrar/vibrar que es la suma de muchas lenguas vivas (digo pensar y obrar porque para mí el pensamiento ya es acción, y digo sentir y vibrar porque para mí el sentimiento es una frecuencia que armoniza la realidad a su semejanza; y ayunto pensar y sentir “pensar/sentir” en una sola palabra, porque para mí un buen pensamiento está ligado nuclearmente al sentimiento, de la misma manera acoplo obrar y vibrar “obrar/vibrar”, porque una buena acción emite y parte de una correcta vibración).

Así me encuentro a Helga Schneider, escritora que abandona el alemán, el idioma de su infancia y sus recuerdos, y encuentra el oxígeno del logos, del sentido, en un idioma desmaternizado. Lasciami Andare, Madre, escrito en italiano y publicado en 2001, calculo que cuando la escritora tiene 64 años, es una ¿novela? compacta donde Helga cuenta el último encuentro con su madre, de 90 años, en una residencia de ancianos en Austria. La madre de Helga los había abandonado cuando ella contaba 4 años y su hermano era un bebé, optando por “ser adiestrada en deshumanización” y desarrollando una carrera como celadora de diversos campos de concentración, como Auschwitz, Birkenau, Ravensbrück y otros. En 1971, a raíz de tener un hijo la propia Helga siente la necesidad de reencontrar a esa madre perdida y presentarle a su hijo. Ese reencuentro no puede ser más doloroso ni más decepcionante, la madre se muestra indiferente hacia el nieto y de Helga parece que sólo quiere que se pruebe su antiguo uniforme de la SS. Esa es toda la historia en común de estas dos mujeres hasta el último encuentro que narra la novela.

Hay un momento en que Helga cuenta que tras la visita de 1971 “…conocí en Bolonia a un compatriota que, como es natural, empezó a hablarme en alemán. Me bastaron unas cuantas frases para darme cuenta de que ya no podía hablar en mi idioma de forma correcta y fluida. Aquello me horrorizó. Fue como darme cuenta de que me habían amputado un miembro del cuerpo sin haber sentido dolor. Como en la guerra, cuando alguien pierde una pierna y sigue corriendo hasta que cae, y sólo entonces comprende el motivo por el cual ya no se mantiene en pie. Ahora, después de cincuenta años (…) me he visto obligada a recuperar mi idioma. Aunque no ha sido fácil: ha sido como remontar, peldaño a peldaño y a gatas, una escalera alta y escarpada. Miro a mi madre: tan lejana, tan desconocida, tan incomprensible, tan irritante. Tan agotadora, por momentos.”

Este momento me estremece. La asociación sólo por proximidad de lengua y madre. La amputación del lenguaje, la sensación de órgano, de vitalidad de la lengua, es también la amputación del vínculo del maternaje. La fisicidad de tener que volver a tener que ponerse a gatas psicológica y emocionalmente para recuperar el habla, para recuperar la madre, recuperarse a ella como niña y como ser completo, el esfuerzo desproporcionado entre esa imagen desvalida de un pequeño cuerpo a gatas y una escalera escarpada, inespugnable, madreescalerainespugnable, la asociación inmediata con los adjetivos dedicados a la madre, pero también a la lengua que nos parió donde se formaron nuestras primeras capacidades de comprender, aprehender, sentir el mundo: lengua lejana, desconocida, incomprensible, irritante, agotadora. La lengua que es mi basamento, mi raíz, es también mi rechazo. (Observo que no puedo dejar de elaborar esta reflexión en primera persona, ¿ha conseguido Helga romper la ilusión del tú y el yo?)

Este libro, al que todavía estoy rumiando, tiene una fuerza que nace de la absoluta sinceridad de su autora, de su transparencia y su valentía. Creo que a María Zambrano le hubiese deslumbrado. Quizás es un libro que encaja mejor en el concepto de “confesión” tal como lo entendía la filósofa. Su tragedia es tan honda y las raíces de esa tragedia son tan del ser que se presenta como un acertijo sin resolución posible.

Escrito en forma magra, sin retórica ni golpes de efecto. Lo recomiendo encarecidamente. Gracias a Helga por romper las barreras de una posible mudez, porque ser hija de esa madre podría haberla condenado a una mudez, y, a pesar de que ese enorme abismo está en el medio de su biografía, configurándola, ella ha sabido encontrar y escribir con su propia voz. Siento que Helga redime a muchos con este libro, no es tan solo, como anuncia el editor, el intento de exorcitar el demonio materno, es también, en mi opinión, la posibilidad de complección que se da a sí misma y a todos los que como ella han sido arrollados de manera avasalladora por una Historia.

domingo, 27 de enero de 2013

la invención del Paraíso_cuatro pasos


inventa el paraíso, invéntalo,
inventa la manera en que la Belleza
se te ofrezca
                            la Paz
sea tu casa
                            la Sonrisa
tu inocencia

inventa tu desnudez y tu paso tranquilo
por todas las cosas,
inventa el fuego
las manos que son nido
la altura de la felicidad,

inventa tu juventud y tu asombro y cada día
nace,

inventa el canto y el silencio reunidos
y óbralos.

jueves, 24 de enero de 2013

miércoles, 23 de enero de 2013


Leo libros escritos en una biblioteca
en horas muertas
mientras se leen y estudian otros libros, Cicerón y la estructura
de la égogla, pongo por caso,

leo geniales libros de jóvenes estudiantes aburridos
aburridos hasta su propia inspiración
inspirados hasta mostrar un sexo ambiguo
y su minotauro concéntrico,

leo libros con tupé de Rimbaud
y mocos verdes de mucho catarro,
letras afiebradas que acaban en sarcasmo
-la vieja juventud vieja-,

leo a púberes clásicos que hacen del plástico un motivo
a prematuros contemporáneos que riman en acongojante
bronquios y flautines, gasóleo y filomenas,

me divierto mucho y me compro
una magdalena - por ser ella proustiana
e integral
y yo haber sido joven y sentimental –
pido un cortado
en la cafetería del Ateneo Barcelonés
y considero las cosas del mundo
cuando me traen la cuenta y veo
que cuesta lo mismo que un café con leche
en mi barrio,
¡oh quien tuviera la disposición de Catulo
para rimar impertinencias y mandar así un saludo!

Y sigo leyendo a esos jóvenes poetas que me devuelven
mi propia juventud, obstinada, incapaz de agostarse,
pero que ya no florece a través del aburrimiento
entre la presión de los exámenes
ni se encabrita, exultante de osadía.

Aún así conservo mi pintoresca costumbre
de arrojar la magdalena dentro del café
- por ser ella esponjosa
y yo golosa –,
y disfrutarla en sopitas
poco elegantes.

Aún así ejerzo el amor
de los tiempos robados, los escondidos
en un rincón de la ciudad, los no debidos,
la travesura infinita
de ser yo.


miércoles, 9 de enero de 2013

la Invención del Paraíso_dos pasos

Trina el pájaro
solitario
enredado en la luz y las ramas
apretadas del olivo

Comienza la mañana
aún aterida de haber sido noche

Comienzan también mis ojos
solitarios
a comprender cada forma
y a cantarla

jueves, 6 de diciembre de 2012

La invención del paraíso_un paso

la paz
y sus mil colores llenos de luz de lluvia y tarde debajo del gran sauce

la paz en mi sangre como única eclosión de un territorio que no acaba

la paz pájaro inventando el cielo de mi boca, paladar
de palabras frescas a recién nuevo

la paz anidando entre mis manos de olivo centenario

la paz almohada de todos los sueños

la paz mujer recién enamorada

la paz pregunta que se abre en mil caminos que recorro al mismo tiempo

la paz el puente entre tú y yo, entre todo abismo

la paz mi carne mi obra y mi silencio

la paz mi rostro y todo lo que no soy

jueves, 29 de noviembre de 2012

Nacimientos_la hora de laSal y de JAN



Empieza a anochecer. El cielo está despejado y nos ha regalado una puesta de sol dulce, rosada, con esa nitidez delicada de los días de frío. Alicia y yo, ya casi antes de colgar el teléfono, hemos hablado de esa puesta de sol que cada una veía desde una ventana distinta. Ella desde la ventana del hospital donde ha dado a luz, con Joaquín y con el pequeño Jan, su hermoso hijo que apenas hace unas horas está de este lado, compartiendo la misma luz que sus padres.

¡Qué ganas de ir a abrazarlos a los tres, qué ganas de ver a Jan! Pero en unas horas está a punto de nacer otra criatura, ¿sabes Jan?, un ser formado por la voluntad de muchos seres y por otra cosa que nada tiene que ver con la voluntad, algo inaprensible, misterioso y mágico, algo que un señor llamado Federico García Lorca llamó duende. Va a nacer una obra de teatro, y yo creo que estará bendecida por el duende, llena de espíritu y gracia.

Al teatro nos dedicamos tus padres y yo, es nuestra profesión, nuestra pasión, nuestro arte y parte en cómo habitamos este mundo.  Tus padres se conocieron interpretando una obra que yo escribí y que también dirigí. Compartimos un viaje maravilloso. Ya en el libreto, antes de editar la obra (editarla es hacer del texto un libro, Jan) aquella obra estaba dedicada a unos niños a punto de nacer, hijos de otras amigas. La energía de los niños que están por nacer me parece muy poderosa, una gran aliada, ¡si vieras cuando le ponía la mano a tu mamá en la barriga, como emanabas calor y dabas tus patadas! 

Y ahora, mira, la broma que hicimos tu mamá y yo de que tú y esta nueva obra nacerían el mismo día se ha cumplido. Así que como autora del texto me permito dedicarte esta función, honrar tu nacimiento con este nacimiento.

Y ahora 
un beso de rosa para Jan
un beso de jazmín para Alicia y
un beso de camelias para Joaquín

y para Cristina, la directora de laSal
y todo el magnífico y extenso equipo
cientos de besos de claveles de poeta.


domingo, 18 de noviembre de 2012

ISABEL, DE OJOS AZULES




Ayer por la noche, mientras leía las primeras páginas de la novela Una vida inesperada, de Soledad Puértolas, sonó el teléfono. El tono de mi teléfono móvil es la cosa más discreta que uno pueda imaginar, y por ello frecuentemente no lo oigo, pero he elegido que fuera esa la llamada de atención al mundo precisamente por lo dulce que es, y porque siempre me sitúa el alma en una frecuencia bella y esperanzada.

El tono de mi teléfono es mi propia voz recitando los versos de uno de mis poetas favoritos, el gran Antonio, Antonio Machado. Y me avisa, con intimidad y misterio…

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazón…
etc…

y en ese sosiego de las palabras de Antonio, en esas alusiones al corazón, al agua creativa y a la hilazón de vigilia y sueño, cojo el teléfono.

Del otro lado estaba mi amiga, y también gran poeta, Júlia Bel. Su voz estaba muy afectada, quebrada y con lágrimas. Me dijo que acababa de enterarse que Isabel Núñez había muerto.

Júlia y yo, además de ser amigas, colegas en el oficio de la escritura y socias de una compañía de teatro, fuimos durante años vecinas. Un año, creo que fue en 2009, nos llamó la atención un curso que se celebraba en el CCCB y que bajo el título de “las Olvidadas” dictaban Lydia Oliva e Isabel Núñez. Cinco sesiones donde hablaríamos y conoceríamos a cinco fotógrafas y cinco escritoras injustamente olvidadas o desdibujadas por la historia a pesar de la calidad de su obra. El planteamiento del curso nos gustó y nos apuntamos. Y no nos arrepentimos, todo lo contrario, fue un verdadero placer y un descubrimiento muchos de aquellos nombres. Creo que de las cinco escritoras a quien más asiduamente he leído después del curso fueron a Natalia Ginzburg, Dorothy Parker y Jean Rhys, de quien hasta la fecha sólo había leído la incomparable Ancho mar de los sargazos, pero de quien después me afané en buscar toda su obra publicada ya fuese en librerías o bibliotecas. Me acuerdo que me compré un cuaderno para el curso, de cómo yo llamaba a la puerta de Júlia o ella a la mía y nos íbamos caminando tan contentas a aquellas conferencias. Tanto Isabel como Lydia eran muy buenas comunicadoras, muy apasionadas.

Una tarde noche, después de una de las sesiones, nos fuimos a tomar una copa con ellas. No me acuerdo muy bien como discurrió la charla para que acabáramos hablando de su experiencia y acercamiento a la guerra de los Balcanes reflejada en el libro Si un árbol cae. En estos meses, a punto de editar mi texto teatreal laSal, que se enmarca en ese contexto, y de que se estrene el montaje en el teatro de La Caldera, pensé en Isabel. Para acompañar a la presentación del libro y al estreno queríamos organizar también una mesa redonda con distintos puntos de vista sobre el conflicto. Pensamos en el perfil de historiadores, de corresponsales de guerra, sobre todo fotógrafos, antropólogos, y en seguida yo propuse a Isabel, porque si bien su experiencia no había sido directamente durante los años del conflicto había ido a visitar los rescoldos, y me parecía que tenía una sensibilidad y una cultura perfectas para lo que queríamos tratar.

Así que me puse en contacto con ella y, muy amablemente, me contestó que estaba dispuesta a participar. Por su correo me enteré de que estaba con problemas de salud y pendiente de una operación. Para las fechas de la mesa ya creía poder encontrarse totalmente recuperada, aunque no lo podía asegurar. Nunca imaginé que una mujer tan joven, tan hermosa y en la que bullía un interés tan vital y palpable por tantas cosas, pudiese dejar de recuperarse.

De hecho, la última vez que la había visto fue precisamente en la presentación de su libro Sin razones del olvido, que era una versión de las conferencias aquellas a las que habíamos asistido en el CCCB. Y la vi, como en aquellas sesiones, dulce y fuerte, con aquella determinación que contrastaba con sus rasgos delicados. Me acuerdo que nos contó, ya terminada la presentación, mientras me firmaba el libro, que estaba empeñada en que editasen a Maeve Brennan, una de aquellas olvidadas, mujer que había sufrido especialmente. Y también recuerdo que a las pocas semanas, hablando con Júlia por teléfono, mientras cruzaba la meridiana, me dijo que se había encontrado con Isabel y que al fin había conseguido que una editorial se comprometiese con la obra de Brennan.

Y esto es una de las cosas que me atraía de Isabel, su generosidad. No sólo labraba una obra propia, también defendía la de una genealogía de escritoras a las que sin duda se sentía afín, familiar. Y quizás sea esa pasión que había en su voz cuando hablaba de otras escritoras la que me hizo sentir que en ese discurso se transparentaban también verdades íntimas de la propia Isabel. Y por eso siempre pienso en ella ligada a dos adjetivos: bella y valiente.

He estado leyendo las últimas entradas de uno de sus blog, Crucigrama, que recomiendo. Y creo que no me equivoco en esos adjetivos, aunque yo no tuviera una relación estrecha con ella. Pero sólo quería hablar un poco de Isabel, darle las gracias, dejar esta pincelada aquí. En mi interior siento mucho respeto por las personas que han dejado algo bueno en mi vida y que me han enseñado o dado luz en algún aspecto. Y además del respeto, quiero expresar también la admiración por alguien que toma su vocación y se compromete con ella. Isabel me transmitía esa fuerza, esas ganas de ser coherente con lo que uno es.

Sé que compartíamos también una querencia: las nubes. En Crucigrama aparecen algunas de esas fotos como ventanas que se abren a la entrada escrita. Yo también fotografío nubes desde los ventanales de casa, que dan al este y que ofrecen amaneceres y crepúsculos dramáticos, atardeceres de agua y tantos paisajes de este cielo mediterráneo. Creo que pastora de nubes habría sido otro oficio adecuado a sus ojos azules.

Así que aún sorprendida por tu partida -¡qué extraño se me hace!-, nuevamente gracias, Isabel.

Y me quedo pensando en quién cuidará de Rufus, el gato que se pasea por esas últimas entradas, escribiendo con su paso una palabra sin definición en este extraño crucigrama de la vida.

martes, 13 de noviembre de 2012

SEMILLAS


Hace unas semanas Rubén me pasó un libro que le había emocionado y me recomendó con vehemencia que lo leyera. Ese precioso libro se titula La revolución de una brizna de paja, y está escrito por Masanobu Fukuoka, al que supongo se le debe de considerar uno de los primeros padres de la permacultura.

El libro, que básicamente habla de la agricultura entendida como una cooperación con la naturaleza en vez de una imposición sobre la naturaleza, también despierta en mí emociones muy complejas. Por ejemplo, que en este libro editado por primera vez en 1975 ya se diera una visión tan acertada de nuestra dependencia innecesaria del petróleo y las nefastas consecuencias a distintos niveles que eso comportará, de la perversión de una agricultura industrializada que sólo está trabajando para el hambre y el empobrecimiento de nuestro suelo (nuestra madre, nuestra base), y de las soluciones que este hombre ha encontrado simplemente atreviéndose a pensar por sí mismo, a obrar y experimentar por sí mismo, y cómo los resultados de dichas investigaciones los pone al servicio de estudiantes, jóvenes, agricultores, políticos, extranjeros, etc, y que yo esté leyendo toda esta fuente de conocimiento, salud y esperanza en 2012 y casi por casualidad… me da una pena y una rabia mordientes. Han pasado 37 años desde la divulgación de este conocimiento, casi mi vida hasta ahora, y me apena y enfada que los que recojan el testigo de las propuestas del señor Fukuoka sean grupos, colectivos o individuos que viven y trabajan de forma alternativa. El sistema, que ha sabido imponerse en todo el globo, y que se asienta en la enfermedad y en el crecimiento de esa enfermedad hasta la extinción, rechaza las voces que traen la cura. Prefiere sus falsos paradigmas avalados “científicamente”; los prefiere porque generan miedo, sumisión e ignorancia.

Me pregunto cómo todos los ministerios de agricultura y de desarrollo no han tomado en consideración la permacultura, las experiencias y evidencias del señor Fukuoka y de tantos otros pioneros que he ido descubriendo, poco a poco, gracias a la curiosidad de Rubén y a Internet. Me pregunto cómo en la escuela se nos hablaba de la tierra. Me acuerdo de las clases abstractas de geología, las de geografía, en sociales cuando estudiábamos los diferentes sistemas de cultivos, en botánica, donde ni siquiera hicimos el famoso experimento del guisante, ni plantamos una mísera semilla, ni vimos o tocamos una planta más allá de la ilustración del libro de texto. Pedazos inconexos. La tierra, algo amorfo, que se explota, que se conquista, que fue una diosa para las culturas primitivas, ya superadas, que es un problema, que tiene un precio, que sirve para ocultar los muertos, las basuras, los residuos nucleares y todo aquello que es incómodo de ver.

Supongo que los niños, en el colegio, tienen hoy otra relación, básicamente centrada bajo el título de “ecología”. Mi hermana me dice que mis sobrinos son muy conscientes de la necesidad de reciclar y que le llaman la atención sobre ello. Sin embargo me temo que debe existir el mismo vacío que entonces. La Tierra sigue siendo un concepto, y sigue siendo algo temible, impredecible, su fragilidad es amenazante. Ahora la asignatura se llama “conocimiento del medio”, “cono” entre los críos. Pero para nuestro sistema el conocimiento es la imposición incuestionable y examinable de creencias pre-establecidas, sin dejar verdadero espacio entre el que quiere conocer y la materia de su conocimiento. Seguimos siendo loros amaestrados.

Hasta nuestro sentido de la belleza está empobrecido por la masacre que se ceba cada día sobre nosotros y que sólo nos permite la estética. Es bonito tener un jardín o que la montaña esté aseada para cuando vamos a dar un paseíto. Pero en realidad, ¿cómo sentimos la Tierra, cómo nos comprometemos con ella?

A partir de la lectura de La revolución de una brizna de paja, Rubén guarda todas las semillas que vamos generando o que encuentra a lo largo de la semana: la de los pimientos, de la fruta, de los árboles que encuentra en sus paseos… Y en el fin de semana, en nuestros paseos por la montaña siembra esas semillas, les da una oportunidad para ser y a la tierra, a los espacios baldíos, a la inmensa capacidad de regeneración y fertilidad que nos sostiene, una oportunidad para perpetuar la vida. Y para el perdón. Y lo admiro por esa acción-oración, por llevar ese silencioso amor, respeto y gratitud a un acto genuino, de corazón, que se repite todos los días. Eso es para mí tener fe y tener presencia.

También en casa hemos plantado semillas de rabanitos y de rúcula. Ya han empezado a salir los brotes. Esos tiernos tallos tienen para mí una fuerza inmensa, me ayudan a saber que siempre el mundo puede volver a comenzar. Igual que cuando escribo en la hoja del cuaderno algunas palabras amargas, cansadas, hartas de mí y de esta realidad tirana, pero cuando vuelvo la página, tan nueva, tan intocada, me viene un silencio, ¿qué es lo que quiero plantar en esta hoja? Hay multitud de gestos en el día a día que me recuerdan que siempre puedo volver a elegir, que puedo volver a empezar.

Una de las cosas más gratas que me ha dejado el libro del señor Fukuoka es la confianza en el gran poder regenerativo de la Tierra. También un sentido de la humildad, de la observación y de la responsabilidad mucho más profundos y sustentadores.

Muchas gracias, pues, a Masanobu, a Rubén y a tantos hombres buenos.

UN JUEGO.

A mis alumnos de escritura les propongo hacer un diccionario personal (yo ahora te pregunto qué sugiere este concepto para ti). Una de las categorías que propongo aquí es el de las palabras-semillas. Cada día, sembrar en el cuaderno unas cuantas palabras-semilla. Ojalá germinen y nos den buena cosecha.

Palabras-Semilla: rojo, lluvia, garganta, torrentera, pulso, abrazo, ventolera, ancho, madrugada, ventana, echarpe, olor a recién despierto, isla, azul de verano, techumbre, lumbre, silencio…


UNA CITA INSPIRADORA.

Don Juan se acuclilló frente a nosotros: Acarició el suelo con gentileza.
-Ésta es la predilección de los guerreros –dijo-. Esta tierra, este mundo. Para un guerrero no puede haber un amor más grande. (…) Solamente si uno ama a esta tierra con pasión inflexible puede uno librarse de la tristeza. Un guerrero siempre está alegre porque su amor es inalterable y su ser amado, la tierra, lo abraza y le regala cosas inconcebibles. La tristeza pertenece sólo a esos que odian al mismo ser que les da asilo. (…) Este ser hermoso, que está vivo hasta en sus últimos resquicios y comprende cada sentimiento, me dio cariño, me curó de mis dolores y, finalmente, cuando entendí todo mi cariño por él, me enseñó lo que es la libertad.
Relatos de Poder.
Carlos Castaneda.

martes, 23 de octubre de 2012

dos poemas de caminos paralalelos

morirse,                                         esperanzarse,


anoto cosas                                                        como el perfil de un ave
anoto rosas                                                        que dibuja un niño
ya cortadas                                                        sobre cielos muy azules
que no hacen                                                     corazones muy azules
amor ni daño                                                      habitados de animales simples                           

jueves, 4 de octubre de 2012

ESCENARIO CON NIÑOS TONTOS Y PALABRAS CON COLA DE LAGARTIJA



Empezaré diciendo que amo a Ana María Matute. Incluso más allá de su literatura, que me parece excelente. Ana María suele acompañarme en la segunda clase de mis talleres de escritura sobre el imaginario propio, cuando hablo de un concepto muy importante para mí y que yo llamo “la palabra entrañada”, es decir, la palabra como un lugar vivo, íntimo y misterioso, y su vínculo emocional con el mundo tal y como lo sentimos o nos atrevemos a soñarlo.

Leer a Ana María Matute es un placer, y su capacidad de evocación es tal que te lleva lejos y te pone alas y alimenta la creatividad. Supongo que eso es lo que le debió de pasar a Ruth Vilar y a su compañía, Cos de Lletra.

Ruth es una joven autora y directora con mucho talento y sensibilidad y un paladar fino para elegir sus materiales de trabajo, que son materiales de pasión.

A partir del libro Los niños tontos, de Matute, ha construido un delicado montaje teatral bajo el mismo título.

Los niños tontos es uno de los primeros libros de cuentos de Matute. Es un libro vanguardista, de textos cortos y lenguaje poético pero crudo. Ya el título es bien amargo. Los niños tontos son todos esos niños que no son como se espera que deban ser los niños. Y aunque en el texto percibimos el olor a sopa aguada, a frío y a pobreza de la guerra, y por ello podemos decir que es este es un montaje que bien se puede enmarcar en la recuperación de la memoria histórica de este país que varios creadores están haciendo ( Trece Rosas, de Júlia Bel. Subterráneas, de varias autoras, por ejemplo), la visión, siempre tan original e inquietante de Matute trasciende el contexto histórico.

Ruth y la compañía dedican su obra con esta hermosa frase: Para nuestros niños tontos, que nos precedieron y que limpiaron nuestro camino de piedras con sus propias manos. He tenido el privilegio de asistir en junio a unos pases previos de la obra. He de decir que el amor que respira la cita se deja sentir a lo largo del montaje, en las decisiones que toma la directora y en el trabajo de los actores. Y por eso, insisto en que esos niños tontos son tanto las generaciones que nos preceden, como el niño acallado, regañado y sometido que está dentro de cada uno de nosotros…pero también el niño libre y fuerte y contestatario.

Por eso sé que esta obra tocará a los espectadores, y por eso la recomiendo.

Ruth y su equipo han elegido ser muy sobrios y muy neutros a la hora de encarnar y materializar ese rico mundo, ya que el texto crea los paisajes por sí mismo. La gran baza del vuelo del espectáculo son dos magníficos actores, Salva Artesero y Neus UmbertNo es un trabajo fácil y podrían haber caído en los peligros de los estereotipos, y sin embargo, tienen mucho encanto y sensibilidad para encarnar las múltiples voces que trasiegan por el espectáculo.

Los que aman la palabra y la belleza tienen la oportunidad de gozar esta pequeña joya durante la primera quincena de este octubre.

los actores Salva Artesero y Neus Umbert


Cos de Lletra estrena el seu nou espectacle "Los niños tontos", d'Ana María Matute, divendres dia 5 d'octubre al Círcol Maldà de Barcelona.

"Los niños tontos" estarà en cartell del 5 al 14 d'octubre, de dimecres a divendres a les 21h, dissabte a les 19h i a les 21h, i diumenge a les 19h.

Reserva d'entrades al telèfon 93 304 39 99 o al web del Círcol Maldà

martes, 18 de septiembre de 2012

Vivero de Plantas Reflexivas_COMENZANDO


Ya comienza la temporada. Abro el salón literario, las cocinas creativas, los jardines de flores exóticas, las galerías del alma. Es la temporada de los cursos de escritura. Alrededor de una mesa viajamos por el mundo, lo reinventamos.

Durante el verano me han acompañado varias lecturas. Como ahora estoy en proceso de escribir mi propia novela es muy particular mi contacto con la lectura. De alguna manera voy buscando en la lectura un tipo de conmoción que me aliente a persistir en esta aventura esforzada, y muchas veces árida, que es la larga escritura de una novela. De entre la hojarasca de lo leído hay un libro en especial y una voz en particular que me han nutrido y excitado y echo girar la cabeza y tocado y propulsado. El libro es Campos de Nijar, de Juan Goitisolo, un libro de viajes y también uno de los libros más políticos que he leído, sin hacer panfleto, desde una austeridad y una limpidez gemela a esa Almería casi desnuda de su viaje. La gran gozadera de este libro es el manejo de Goitisolo del lenguaje, el sabor, la plenitud, la curva del castellano, su poderosa sonoridad, su riqueza de matices y su colorido expresivo. Sólo por eso ya es un libro para tener en la estantería, de referencia, para conectar con la belleza de la materia prima con que uno trabaja. Pero hay más, claro (***desarrollarlo en otro escrito).

La voz en particular que he mencionado antes es la de Mario Levrero, un escritor uruguayo fallecido en 2008. De él he leído La novela luminosa y El discurso vacío (en ese orden, aunque el orden de escritura es inverso). Ya tengo encargados otros dos libros suyos: París y La ciudad. Mis impresiones sobre Levrero bien merecen un plantón a parte en este vivero de plantas reflexivas sobre la escritura. De su primer libro salí como si Levrero fuera una persona a la que realmente hubiera conocido, y lo tengo ya como amigo, y hasta me acuerdo de él con nostalgia. Un hombre que se forjó su verdadero nombre y se dio una identidad a través de la escritura, dejando atrás el nombre que le correspondía por ser hijo de sus padres y quizás, también, el destino. De él aprendo muchas herramientas que no se instalan en la técnica y que me serán muy útiles en los próximos cursos de escritura y en mi relación con los participantes.

Hoy el día viste de tintes grises, sin embargo el otoño aún no se huele (para mí el otoño siempre es un olor). Septiembre, mes en el que comienza el verdadero año; el año de aprender, de crear, de vivificarse. Hay algo realmente maravilloso en juntarse y compartir la pasión por la escritura. Hay algo emocionante en ver, semana a semana, como van creciendo los cuadernos, en los pequeños y los grandes descubrimientos que cada uno hace con respecto a su propia voz. Así que me pondré una falda muy alegre, para comenzar con amplia vuelo nuestra travesía de palabras y más.