oración

si yo fuera peregrina de mi misma
si llegara a la dulce
posada esmeralda
del corazón

jueves, 5 de octubre de 2017

LA AMÉRICA DE EDWARD HOPPER, DE EVA HIBERNIA, SE ESTRENA EN BUENOS AIRES




Hay una emoción muy especial, la de saber que ese hijo que has dado al mundo despierta el interés de los otros y no sólo eso, les inspira y enciende su deseo de crear. Así era un día cualquiera de diciembre del año pasado cuando, después de una jornada de trabajo imaginando réplicas y contra réplicas, abrí el correo. Allí estaba un mensaje del director de escena argentino Pablo di Paolo declarándose interesado en montar para la temporada siguiente mi texto La América de Edward Hopper.

Y el 5 de octubre de 2017 se abre el telón en el Teatro Anfitrión de Buenos Aires para acoger el estreno de La América de Edward Hopper, con el siguiente reparto y equipo artístico:
Texto: Eva Hibernia

Intérpretes:
Julieta Darquier, Jesús Catalino Gomez
Vestuario:
Sofía Davies
Iluminación:
Aquiles Gotelli
Diseño de espacio:
Félix Padrón
Fotografía:
Paula Valentini
Asistencia de dirección:
Milagros Gallo,Milagros Gallo
Colaboración artística:
Milva Leonardi
Dirección:
Pablo Di Paolo

Entre una y otra fecha se han cruzado correos entre el director y yo y tuvimos la suerte de que el viajara a Barcelona en enero, de tal suerte que pudimos conocernos personalmente, hablar sobre el texto e incluso hacer ajustes en el texto a la terminología propia del habla argentina.

El montaje dirigido por di Paolo podrá verse los jueves en el teatro Anfitrión desde el 5 de ocubre hasta diciembre. El director ha querido dar la siguiente sinopsis del texto que pienso yo ya habla de su puesta en escena del mismo: Vera y Tomás recorren América mientras disfrutan de su incipiente relación.A partir del encuentro con una antigua máquina de escribir, ella comienza a urdir historias de dudosa entidad. La ficción y la realidad de la pareja se entrecruzan por habitaciones de viejos hoteles americanos. Un joven a cargo de un faro, una gitana del este y su extraña caja, un viejo estafador y su hija Miranda, conviven con la joven pareja desafiando el escepticismo encarnado en Tomás. A través de un simple objeto, una máquina de escribir, se descubren cosmovisiones enfrentadas entre los protagonistas: el lugar del pasado en la configuración del presente, la mirada sobre la infancia, sobre los vínculos filiales y la relación con el mundo de las palabras; todos ellos presentes también en las otras historias que se suceden como un caleidoscopio iluminándose mutuamente, como si al mirar muchas vidas espiáramos una única vida: la nuestra.

La América de Edward Hopper nació dentro del programa T6 de autoría contemporánea auspiciado por el Teatro Nacional de Cataluña del que fui residente durante las temporadas 2006 a 2009. Lo estrené en La Sala Ponent de Granollers y además de hacer temporadas en el Teatro Español de Madrid y en la Sala Beckett de Barcelona, tuvo una importante gira además de ser nominado al Premio Max Revelación por Cataluña en 2009 y obtener el Premio de la Crítica a la mejor Iluminación en 2010.

A modo de acompañamiento a este nuevo estreno quiero compartir aquí el prólogo que escribí para la segunda edición del texto en Caos Editorial (a día de hoy lamentablemente dada de baja. La primera edición se puede encontrar en Proa, Barcelona 2008. Si quieres acceder al texto desde cualquier punto del planeta puedes ponerte en contacto conmigo a través de la plataforma de autores Contexto Teatral)

Prólogo a la 2ª edición de La América de Edward Hopper, por Eva Hibernia
LA AUTORA, MIENTRAS SE TOMA UN CAFÉ, DICE…

Hace unos meses hice una mudanza, dejaba una casa en la que había vivido durante doce años. Deshacer una casa es desmembrar un orden, aunque sea frágil o aparente como es en mi caso, y vivir unos días en el caos: vaivenes de objetos, de pasado, cajones olvidados, fondos de armario que de pronto contienen cuadernos descoloridos, piedras, chucherías, ese regalo que no sabías que hacer con él, ese broche que tanto te gusta y que extraviaste…, así reencontré por sorpresa el calendario de Hopper, el original que me había evocado una primera sensación de la obra: la historia de una vida, de un amor y de una herencia, fragmentada a través del tiempo, doce meses que me permitiesen asociar la temperatura de las emociones a las de la climatología, y que sucediesen en los paisajes y en las habitaciones del particular universo pintado y poetizado por Edward Hopper. Luego, esos doce meses que comprenden un año se abrirían como espacios paradójicos, porque gracias a la inmersión en la escritura de la protagonista el tiempo rompe su aparente linealidad, y ese año se está viviendo, paralelamente, en años distintos y en distintas vidas, interconectadas por la imaginación y por la necesidad de trascender la muerte. También encontré el otro calendario de Hopper que me regaló el productor de la obra poco antes de su estreno en mayo de 2009 en el Teatre de Ponent de Granollers. En enormes cajas rojas, decoradas con detalles de su pintura –una puerta al mar, una bañista leyendo en la cama, unos navegantes a vela blanca por un océano límpido y tranquilo, la palabra AMÉRICA como un poste indicador de carreteras- cuidé de dejar bien clasificados los muchos materiales que la gestación de esta escritura y después la puesta en escena generó. Recuerdo que las primeras semanas de escritura de La América… fueron una mezcla de sorpresa y delirio. Yo tenía el compromiso con el T6, el programa de autoría contemporánea que auspicia el Teatre Nacional de Catalunya, de escribir una obra con unas fechas de entrega del texto, con “controles” en los que se leía la obra en construcción al resto de los autores componentes del T6 y, lo que era más acuciante, unas fechas de estreno. Éste era mi segundo texto dentro de esta experiencia, el primero había sido Una mujer en transparencia, del que acababa de salir. No sabía desde que lado dar el salto al vacío de la escritura. Había un par de historias que me rondaban. Me fui a América, a Buenos Aires, a pasar uno de los inviernos más helados de mi vida y parece que también de la ciudad, era la primera vez que nevaba en no sé cuantísimos años. Pasé dos meses y medio nutriéndome, de muchas cosas, en primer lugar de una sensación de libertad. A pesar de los compromisos que me esperaban me tomé ese tiempo como una especie de paréntesis. Intenté organizar ese viaje bajo la premisa de no hacer planes, no buscar objetivos, viajar a la deriva del día a día, a la intuición del momento, a las fuerzas y los deseos reales de los que disponía en cada instante. Viajar así es difícil. Muchas veces son las metas, lo que nos proponemos conseguir, lo que nos da una fuerza extra para encarar y atravesar la vida. Allí escribí unos poemas. Nada más.

Luego, de vuelta en Barcelona, las ideas para un texto dramático no acababan de cuajar, cuando, de repente, un día rompí aguas y un título y una idea de hace seis años irrumpió con mucha fuerza. Es bello comprobar como el inconsciente va haciendo su trabajo, su lenta sedimentación de los temas y los personajes de los que nos va ha ser dado hablar. Hace muy poco, en Logroño, en la casa de mis padres, revisé unas libretas de la adolescencia y la primera juventud. Es increíble como reencontré el mismo lugar de observación, las cosas que me llaman la atención, las imágenes que me tocan, incluso la asociación de ideas o las metáforas que están como forjadas desde un tiempo muy remoto. El jardín interior, del que me hablaba Luis Landero en sus clases, ese jardín propio que nos acompaña desde la infancia, ese jardín que puede parecer muy pequeño pero que es infinitamente grande a la hora de explorarlo con la paciencia de la pluma, la riqueza de sus pequeños detalles, la mutación de sus frutos.

La escritura de La América… tuvo algo de jardín de un Edén, pues a medida que escribía sus escenas me iban apareciendo otros textos en paralelo. Por ejemplo escribí algunos de los poemas de la madre de Tomás (cuyo estilo por cierto no tenía nada que ver con el mío). También escribí un pequeño ensayo filosófico, tendría que mirar toda esa hojarasca de aquellos días, esa exuberancia. Un día tuve que acotar las energías y la dirección al único propósito de la obra. Cuento esto porque dentro de esta pieza teatral hay un poco de caja de Pandora de los géneros literarios, la poesía, el cuento, el epistolar…, pero sobre todo los personajes viven desde la inextricable conexión entre vida y ficción, a veces como juego consentido, a veces como destino más allá de lo que están dispuestos a aceptar, a veces como salvación, a veces como iluminación.

Porque la historia de un amor, que dije antes, es, ante todo, el amor a la palabra. Creo que el héroe contemporáneo se nos presenta en los libros, con frecuencia, bajo el signo de la orfandad. En los personajes de Vera y de Tomás también es así, de tal manera que a ella casi la hago filia de una máquina de escribir. Más que el reencuentro con un objeto del pasado, la hago reencontrarse con su árbol genealógico en forma de Olivetti. Por su parte Tomás, cuya madre es un personaje ausente de gran importancia en la obra, parece que fuese en realidad, hijo de tomos y tomos de poesía. Los escritores son los protagonistas de esta historia, y por escritor entiendo a toda aquella persona que tiene en la palabra una herramienta viva, un camino y una pasión.

Siempre que leo la biografía de alguien que me gusta o me interesa mucho sufro una decepción. Por la propia experiencia de mi vida sé que muchas veces lo que es verdaderamente importante, lo que está lleno de vida y misterio y potencia, no ocurre en los hechos, “a las claritas del día”. Los personajes de los cuadros de Hopper, lejos de verlos a la manera canónica, como unos aquejados de melancolía, me parece que están inmersos en esos instantes, en esos mudos, íntimos e indescifrables instantes donde la vida está más viva que nunca, donde las cosas pasan de verdad, un pensamiento, un sentimiento, una revelación, una intuición, una total asunción del presente. Hablar de esa intimidad, de esos “paisajes interiores” con los que ironizaba Koltés, ¡qué difícil, qué material tan etéreo para la carnalidad del teatro! Y sin embargo, si hay algo que aprecio del teatro es su capacidad de magia, esa capacidad que me otorga de ser un pequeño demiurgo, soñar un mundo y darle cuerpo, materia, y compartirlo en un escenario. Uno de mis primeros recuerdos, cuando era muy pequeña, con tres o cuatro años, es que ya conocía todo lo que tenía alrededor, la puesta en escena de la vida por así decirlo, sin embargo sentía que estaba mal, que estaba todo equivocado. Este recuerdo, tan vívido todavía ahora, no lo he compartido con casi nadie. Hoy, en este crepúsculo de primavera en el mediterráneo, lo escribo tranquilamente, ya no es una sensación que me turba. Amo el teatro con pasión, pues siempre he pensado que es un lugar único donde el arte, esa cosa misteriosa y maravillosa que es el arte, se daba de una manera única. A pesar de sus férreas leyes creo que todavía hay mucho por explorar en el lenguaje escénico, desde el mismo material matriz, desde el texto. Supongo que desde pequeña tengo una visión de las cosas y creo que escribo, no de esa visión exactamente, sino de la falla que se produce entre lo que yo intuía o recordaba del mundo, y del mundo que he recibido. Esto es, sin duda, muy personal. La América de Edward Hopper es una obra muy personal, he tenido la satisfacción de que, desde el propio equipo que me ayudó a levantarla escénicamente y al que estoy muy agradecida, hasta gran cantidad de público que así me lo ha expresado, causara fascinación, placer y empatía. Creo que es un gran viaje, y que con el espíritu de un viajero hay que adentrarse en ella. Para mí, como dije en alguna rueda de prensa, es un acto de fe.

Ahora las cajas rojas, con todos los materiales, los papeles, los cuadernos, las fotos…están cerradas, en la estantería, en una nueva casa. Sin embargo, siento las voces de Joaquín y Alicia, los actores del montaje, cuando hacíamos una pausa para comer durante los ensayos, brindábamos con vino tinto y nos decíamos, “ es raro que Vera y Tomás no sigan, habría que escribirles unas aventuras, nos interesa mucho conocerlos, queremos saber más de ellos, qué les pasará, qué harán después de la última escena”. Y eso sí que creo que pasa, que la obra, con su estructura laberíntica, tiene una dirección hacia el futuro, unas ganas de vida que no acaban cuando cae el telón.

Eva Hibernia
Barcelona, mayo de 2011



miércoles, 14 de septiembre de 2016

DICCIONARIO DE USO, ETIMOLOGÍA Y ALMALOGÍA DEL ESPAÑOL PERTEJO O PEREGRINO. (En construcción)

Brumario/a: aunque en rigor este término designa el segundo mes del calendario  republicano francés, que coincide con el segundo de la estación otoñal, y dura aproximadamente desde el 22, 23 o 24 de octubre hasta el 20,21 o 22 de noviembre, según el año, coincidiendo con el paso  del Sol por la constelación zodiacal de Escorpio, ha sido utilizado con frecuencia en cierta literatura mistérica como adjetivo. A este efecto aporta al sustantivo al que acompaña de cualidades tales como las propias del mes indicado, donde la bruma toma la claridad de las cosas y los significados. Por asociación aporta también frío, incomodidad, inquietud y un estado latente de peligrosidad regido por ese signo plutoniano que es Escorpio. Así "tener un encuentro brumario", "enamorarse de una persona brumaria", "tener pensamientos brumarios",  "hacer tratos brumarios", "amenazar con palabras brumarias", "verter en oídos incautos lisonjas brumarias" son algunos de los usos habituales de este término.


DICCIONARIO DE USO, ETIMOLOGÍA Y ALMALOGÍA DEL ESPAÑOL PERTEJO O PEREGRINO. (En construcción)

Agrisueño: dícese de cierta calidad de los sueños, cuando tienden a pesadilla sin serlo enteramente. Son muy comunes en las siestas derivadas de digestiones grasientas o pesadas.

Cervantes nunca lo escribió, pero bien podría haberlo hecho, este ejemplo de su buen uso:

Despertó Don Quijote de su agrisueño, dando manotazos como si todavía sintiera la pelleja de algún animal fabuloso sobre su cara, cuando paró mientes en que era una arpillera mal sujeta sobre el mísero jergón que a él se le había antojado lecho de reyes, lo que había dado a su reposo aquel afán de aventura.


martes, 12 de abril de 2016

HE YACIDO DÍAS ANIMALES_ presentación del libro. Martes 12, 20.00 h, teatro El Maldà





Martes día 12 de abril de 2016.
Se abre el telón en el teatro El Maldà. Son las 0cho de una tarde ya noche y memorable.
Dos sillas, una mesita, una flor custodiando con su belleza el silencio.
En una silla la poeta Júlia Bel, en otra la autora del libro, Eva Hibernia.

Hablan,
primero la una, luego la otra, ordenadamente.
Tienen un libro entre las manos.
Hablan de ese libro
de los poemas que atraviesan las praderas de papel,
de sus ferocidades
sus saltos felinos
sus frondas y ensueños.

Ambas poetas se conocieron hace muchos años.
Cuando a Eva le sucedió aquello, que la poesía se abriese en ese cosmos
en ese "He yacido días animales"
Júlia estaba cerca.
Compartieron atardeceres con nubes, con café, con charlas.
Las confidencias literarias, tan caras para los que escriben.

Luego ambas callan. La mesita se arrincona, cambia la distribución del espacio.
Aparece Alicia Gonzáles Laa, la gran actriz.
Eva siempre ha dicho que Alicia es la poesía hecha carne.
Por eso la ha llamado.

Entonces habla el libro.
Una selección de once poemas.
Una visión, un pequeño recorrido,
¡el libro
se puede recorrer tantas veces y con hambre y sed tan distintas!

Una mañana de un sábado, también era abril,
se reunieron las tres, Alicia, Júlia y Eva
a jugar
a crear
qué harían la noche del martes
cuando el libro se abriese y dejaran de hablar por él
y él, él solo,
hablara.
Lo pasaron en grande,
rieron, rieron mucho
de pura felicidad,
la felicidad de la creación en común,
de viajar juntas por ese cauce ya escrito,
fluyeron por el río de palabras y las emociones que despertaban,
en los ojos azules de Alicia lágrimas,
en la voz de Eva una melodía del desierto,
en las manos de Júlia un pandero, el latido misterioso
marcando ritmos.

Agradecida, Eva
inclina la cabeza
y desea larga vida
a toda la belleza que ha nacido.




martes, 15 de marzo de 2016

De merienda_un cuentito

¡Abracadabra! -dijo el niño enarbolando la pajita con la que había bebido su horchata- ¡ahora serás un cocodrilo!

La madre intentó poner cara de cocodrilo, pero era muy difícil. Se acordó de que una vez, junto a su hermana, habían rescatado a una iguana de un jardín público. La rescataron con pequeños alaridos de gusto y de susto. Metieron a la iguana en su mochila y la subieron a casa de sus padres, que no tuvieron otro remedio que aceptarla. Le compraron un terrario y una manta eléctrica. Un día achicharraron a la iguana sin querer. El animal desapareció en el cubo de la basura. Seguramente no había que hacer las cosas así, no, no. Ahora era una madre, tenía muchas responsabilidades sobre el cubo de la basura y lo que entraba allí dentro, y sobre lo que se podía o no adoptar, quienes serían parte de la familia, aunque fuese un corto trecho, un minuto en que su hijo le exigía ¡conviértete en cocodrilo!, tener, pues, una piel muy dura y un hambre milenaria, acabar con las meriendas de los otros niños y las otras madres, acabar incluso con las madres y los niños, las camareras y hasta con ese rubito que gritaba, con susto y gusto, de ver a su madre arrastrándose por el suelo, intentando menear una cola que no sentía ya, que debía haber desaparecido en algún grado de la lenta evolución de las especies entre cocodrilo y madre, hasta que el niño dijo un nombre, Nil, como llamando a su mascota, y ella recordó que sí, que Nil era el cocodrilo de peluche que dormía junto al niño y que no comía carne humana ni habría que tirarlo a la basura, y menos mal que ya estaban en la calle, camino a casa.


para Jan y Alicia, con quienes estuvimos jugando a ser muchos animalitos.

miércoles, 6 de enero de 2016

LOS REYES DE ALICIA Y DE JOAQUÍN

 
Para Alicia González Laa y Joaquín Daniel, dos grandes actores a los que la buena estrella de 2016 confío en que mantenga muy activos sobre los escenarios.

DIVERTIMENTO PARA VOLVER A ENCONTRARSE

      - ¡Usted!
      - ¡Usted!
  • ¿Cómo está usted?
  • No tan bien como usted.
  • Oh no crea, no crea, yo también, como usted, no estoy tan bien como usted.
  • ¿Eso es un piropo? Me atrevo a preguntarle porque sería muy típico de usted.
  • No, usted ha oído muchas cosas de mí, jaja, pero no estoy bien porque dormí mal, di muchas vueltas, di tantas vueltas que el hemisferio derecho se me puso en el izquierdo, el izquierdo en el derecho y ahora estoy todo yo cambiado de lugar por dentro.
  • Es verdad que le encuentro un poco cambiado... los ojos, la boca, la nariz, los andares... usted no parece usted.
  • Sin embargo...
  • ¿Qué?
  • Usted no se merece menos que el que yo sea yo, un poco yo al menos, lo suficientemente yo como para decirle el piropo que usted se merece.
  • Oh, no se esfuerce por mí, ¿quién soy yo al fin de al cabo?
  • Usted es la razón...
  • ¿Yo soy la razón?
  • Como principio de piropo suena frío, lo reconozco. Usted es la sinrazón...
  • ¿Me está llamando loca?
  • Usted es la primavera que no tiene razón y sin embargo todo lo hace florecer.
  • La primavera tiene sus razones, todos tenemos nuestras razones, hasta usted las tiene para decirme un piropo. Siempre con esa carita de querer invitarme al cine.
  • Se me olvidaba, usted que siempre pierde el reloj ¿tiene tiempo de acompañarme a Salamanca?
  • Salamanca está muy lejos.
  • Pero tiene un cine precioso, lo construyó mi abuelo y si no era mi abuelo era un hombre bueno que podría haber sido mi abuelo. En cualquier caso es un sitio entrañable y yo con usted soy así, ya lo sabe, tierno y comestible como un bizcocho.
  • Eso está muy bien, porque el viaje es un poco largo y seguro que me entra hambre.
  • ¿Me morderá?
  • Le morderé, pero sólo si huele a canela.
  • Huelo a canela por aquí.
  • Hubiese preferido que oliese a canela por allá. Pero bueno, usted hace lo que puede, no lo dudo, sobre todo hoy que tiene todo el hemisferio sur en el polo norte, ¿era eso lo que me explicó al principio?
  • ¿Qué principio?
  • El nuestro.
  • Pensé que veníamos de lejos.
  • Yo de Missouri.
  • Yo de Cincinatti.
  • Pero entonces usted...
  • ¿Sí?
  • No.
  • No ¿qué?
  • No... nada... es que pensé que usted si era de Cincinatti... quizás no fuera usted.
  • ¿Pues quién iba a ser si no?
  • No sé, un usted... distinto.
  • No diga barbaridades, además que Cincinatti es un decir, como Salamanca.
  • Mire ese cartel. El tren sale en cinco minutos.
  • ¿Estamos seguros?
  • Seguros de nada.
  • Pues a por todas. Suba usted.
  • No, primero usted.
  • No, no, yo lo dije primero y usted va primera.
  • Me ha gustado mucho encontrarle.
  • Podemos hacerlo siempre que quiera.
  • Pues vamos a perdernos medio segundo.
  • Medio.
  • Medio, para volver a sorprendernos.
    (...)
  • ¡Usted!
  • ¡Usted!

     JOAQUÍN DANIEL Y ALICIA GONZÁLEZ LAA EN "LA AMÉRICA DE EDWARD HOPPER" DE EVA HIBERNIA

sábado, 2 de enero de 2016

Catavientos_cuaderno de Grecia 3_ Desayunar en el barco

las granadas, una de mis frutas favoritas, tan legendaria, estaban en sazón por todas las islas



///
Prontito en la mañana saludamos a Hermioni, callejeamos para comprar pan y fruta y ya pertrechados de víveres frescos – la despensa del Ralip es estricta en la cuantía de provisiones que podemos almacenar-, salimos del puerto. Después de las maniobras y con el motor encendido porque no hay viento, nos damos un magnífico desayuno en cubierta. Por primera vez pruebo el auténtico yogurt griego, que resulta una revelación de suavidad y cremosidad. Las uvas refrescan el paladar, el té calienta los ánimos y cada uno hace gala de sus gustos mañaneros. Por ejemplo, voy a comprobar que el Capitán sólo bebe agua, simple y pura, y que a todas las golosinas que ponemos ante sus ojos, antepone el pan bien frotado con ajo y aceite. Teresa ha traído una caja con rosquillas hechas por mi tía Lola, que saben a anís y a ancestros, el Capitán nada más probarlas recuerda a su madre y me dice que ella, a las rosquillas las llamaba “cuchiflitos”. Yo también pienso en mi madre y en la mesa redonda de nuestra cocina. Una vez que ella amasaba y sacaba aires a la masa, me dejaba hacer la forma de las rosquillas. Los cinco kilos de conguitos también hacen su discreta aparición por sotavento de la mesa, siempre a hurtadillas de la mirada de la bebé. Mi prima, sagaz para crear nuevas tendencias en lo culinario, acaba de inventar un yogurt con tropezones que acapara todo su entusiasmo.

Entramos al puerto de la isla de Hydra, Fernando biólogo y yo sentados en proa. El puerto es precioso, muy animado. Nos delizamos sin atracar, como la cámara de una película que hiciese un traveling de todo aquel bullicio. El Capitán nos explica que Hydra es la isla elegida por los bohemios y artistas para recalar, y es allí donde Leonard Cohen tiene una casa. Oh, mi querido Leonard, pienso yo, cómo me encantaría sentarme contigo y tu guitarra a charlar bajo este sol griego, a cantar tus poemas, a ofrendar a Dionisos y, para qué negarlo, a Afrodita, un bello encuentro..., pero el Ralip se aleja y yo sigo en el balcón de Proa, como un mascarón, contemplando los paisajes de agua que surgen a mi paso.

Y es que navegar por este mar es distinto, tiene algo de gran lago donde se multiplican los espejismos de tierra -las islas grandes, las pequeñas, la costa del Peloponeso con sus cimas altas y verdes-, una llanura de azules y espuma donde la calima envuelve las formas, a lo lejos, promesas para un Odisseo que siempre verá en esas tierras que emergen un poco más lejos, siempre un poco más lejos, el posible regreso.

Atracamos en un lugar del Peloponeso y allí directos al agua. ¡Splass!

jueves, 31 de diciembre de 2015

En la Frontera y... un paso más

 


Adiós a un 2015 que ha sido, en mi experiencia, el Maestro de la Guadaña.

Pedro, José Luis y José Luis, queridos tíos, allá en vuestro viaje, siempre os pienso desde la luz y hacia la luz. La memoria es esa casa donde todos seguimos vivos, allí donde el tiempo se ha vuelto más dulce que en este tiempo en fuga del día a día. En la memoria continuamos, ya sin enfermedad, sin lastre, y hay un sol que ilumina nuestra esencia. Por eso en la memoria queda la huella esencial de aquellos que ya no están, una huella que no es pasado, pues la memoria, aunque parece la casa del tiempo que fue, es la casa de un tiempo perpetuado, sostenido y activo.

Saturnina, Luismi, Rosa, Celia, José Luis, Pedro, José Luis..., ilumináis esta casa interior y como huéspedes de amor vais dejando regalos, perlas de conciencia, rosas de ternura, espejos infinitos, tactos que abren el corazón sin romperlo. Gracias por hacerme sentir, a través de vosotros, las raíces y la savia, la estructura y el ramaje del árbol que entre todos vamos haciendo crecer.

Tía Pili, este 2015 te ha dejado en una frontera, ¡qué dura se ha puesto la vida contigo!, en medio de todo el sufrimiento y desvalimiento que estás atravesando rescato, como grandes lecciones, tu emoción sincera, el sentido del humor y esa gentileza que te acompaña hasta en los momentos más duros.

Papá, el año fue de despedidas fraternas y sobresaltos para ti. Para mamá también. Ambos tenéis una fortaleza y un sentido de la nobleza que me conmueve y que hago mi legado. Sabéis traducir el verbo amor a actos, a decisiones, a constancia, a presencia. De tí papá, me llega y me nutre ese sentido de la responsabilidad y el compromiso que hace surgir toda la fuerza. De tí, mamá, me señala un horizonte tu intuición de una felicidad propia y esa capacidad de exaltarte con la naturaleza.

Otras muertes simbólicas y no menos duras ofició el 2015 con su guadaña. Cuando hay que morir hay que morir, y ya se lleva el río la pira ardiente con los sueños, los proyectos, las ilusiones que no han podido ser, los nombres que se separan del nuestro. Un yo se derrumbó, como la torre del Tarot. Poco más hay que hacer que asistir a ese derrumbe y dar las gracias, siempre dar las gracias aún por lo que te deja en la frontera, entre el desplome de ese viejo continente que eras y esa nada enfrente tuyo, pues no eres capaz de ver lo que vendrá. Sin suelo, sin puntos de referencia, sin deseos que te ayuden a construir un nuevo paisaje. En el gran cero. Por fortuna la poesía no es sólo eso que hago, cuando Dios y la Poesía lo quieren y en forma de poema, poesía es una lectura mistérica de la vida, una forma de fluir del alma. Así que gracias por esa semilla que está en mí, que quizás conforma mi inteligencia primera, la más ancestral a mi corazón y por tanto a mi propósito de latir. Y gracias a todas esas amables compañías que en este tiempo de frontera han estado ahí, apuntalando mi nada, o mis lágrimas, o mis silencios. Digo los nombres de los que han dejado algo hermoso y fecundo, los rostros de la vida: Albert, Karel, Hortensia, Júlia, Carla, Asier, Anna, Ignacio, Rocío, María, Ruth, Salva, Vicent, Eva, Elisa, Teresa, Iris, Fernando, Fernando Capitán, Pancho, Lara, Enric, Sonia, Marcelo, Laura, Juanjo, Miguel, Natalia, Ramiro, Alicia, Jose, Pili, Alicia, Joaquín, Jan, Neus, Sol, Drago, Marisa, Antonia, Montse, Ingrid, Mama Neus, Giselle. A todos ellos mi más sincero amor, gratitud y bendiciones para la nueva vuelta en la ruleta que nos toca empezar en 2016.

Te honro 2015, y de ti me despido.

Bienvenido 2016, seguimos inventando más mar para seguir navegando y avistar nuevos horizontes.

Paz, Amor, Bendiciones y Abundancia para la familia humana y para todos los seres que nos acompañan en esta aventura. Namasté.



viernes, 18 de diciembre de 2015

CURSOS PARA COMENZAR EL NUEVO AÑO

 Próximos cursos para el trimestre que viene. Os animo a empezar el año cultivando el talento, la imaginación y la fuente de vuestra creatividad.

CURSOS DE VOZ


 

LA VOZ, EL SER 
un curso para explorar nuestra voz y liberarla

Duración: Curso de 18 horas, repartidas en doce sesiones de hora y media
Fechas: Los martes, del 12 de enero al 29 de marzo
Horarios: de 17.30 a 19.00 horas
Inscripciones: El racó de la Sargantana: 93 519 57 97 elracodelasargantana@gmail.com
Consulta el programa y la metodología en www.evahibernia.blogspot.com


Eficaz. Directo. Introspectivo. Divertido. Profundo. Son algunos de los adjetivos que se me vienen a la mente pensando en el curso de voz tomado con Eva. Con su ser lunimoso y creativo me ha ayudado a descubrir, jugar y entrenar mi voz y mi Ser... Hace tres meses mi voz era una "entidad" no muy definida, ¡ahora es mi aliada y mi compañera!” Lara.


CURSOS DE ESCRITURA

COACHING PARA ESCRITORES
acompañamientos personalizados para ayudarte a culminar con éxito tu proyecto de escritura. Aceptamos proyectos de narrativa, poesía, teatro, ensayo, memorias, libros de viaje etc.
consulta filosofía y metodología en www.coachingescritores.com

COM S'ESCRIU UN CONTE
específico sobre la creación técnica del cuento.
miércoles, a partir del 20 de enero, de 20 a 21.30 h.  
consulta programa e inscripciones en www.casaelizalde.com

COACHING PER ESCRIPTORS 
curso colectivo para entrenar mediante las distintas capacidades y herramientas que nos permiten solventar los problemas que conlleva la creación literaria.
jueves, a partir del 21 de enero, de 18.30 a 20 h.
consulta programa e inscripciones en www.casaelizalde.com 

“Antes que nada, deciros que yo no conocía de nada a Eva, y que me guié hacia el taller por su curriculum y por reseñas hechas a algunos de sus trabajos en teatro que encontré por Internet. Y veo que no me he equivocado en absoluto. No sólo logra despertar, o avivar, esas ganas de escribir, sino que guía con mano experimentada, didáctica y profesional el impulso creativo para lograr convertirlo en escritura de calidad desde todos los puntos de vista. Muy recomendable”.
Rafael Monroy
 


miércoles, 21 de octubre de 2015

CATAVIENTOS_Cuaderno de Grecia_2, bienvenida al sol y al viento

 
///La azafata de vuelo anuncia que quedan veinte minutos para aterrizar, y pronuncia una hora. La hora me choca, es una hora menos que la española a pesar de que volamos hacia el este. Pero no hago mucho caso. Luego en los relojes luminosos del aeropuerto veo que pone una hora más que la del reloj de mi movil. No me he preocupado en absoluto de la cuestión de las horas y como he quedado con mis compañeros de viaje a las 3.30 doy por hecho que quedamos en el horario español. Ahora mismo no puedo pensar en nada más que en salir del aeropuerto porque estoy helada, me duele el cuerpo del frío que he cogido en la cabina del avión. Ya he visto en el monitor el número de autobús y los horarios para ir hasta el Pireo, el puerto desde donde sale nuestro ferry a Hermioni.

Salgo en estampida a un día lleno de sol y de viento. Enseguida me gusta esa luz, esa caricia briosa que me envuelve. Como mi emparedado debajo de un parterre, pero los alrededores del aeropuerto son, como era de esperar, desangelados. Sé que me van a crucificar pero tengo demasiado tiempo de espera, así que me voy a la cafetría de un pretendido hotel de lujo. La cafetería se llama Artemisa y me encuentro con la emoción de la carta y las letras en griego, que me dedico a deletrear como un niño la cartilla en el parvulario. Pido un Ἑλληνικός Καφές, sin azúcar, y me lo sirven en una tazita blanca sobre un plato rectangular de diseño que lleva al lado un hueco sobre el que han vertido uvas pasas en almíbar, una delícia de combinación entre el sabor dulcemente otoñal de la confitura y la aspereza terrosa del café. Como en la Argentina los griegos también tienen el maravilloso detalle de acompañar el café con un generoso vaso de agua. Luego, en nuestras bajadas a tierra, comprobaré que son muy cafeteros y que les gusta llevarse el café puesto. Es normal ver a viandantes llevando un largo vaso de cartón con tapa semiesférica y pajita a la que se amorran para sorber su café frappé, que es la variedad a la hora de servir cafés que parece más popular.

En mi mesa de la terraza del Artemisa, rodeada de viajeros, saco mi cuaderno y una de las lecturas que he traído y que ya empecé en casa y continué en el avión antes de quedarme dormida. Se trata de “Sociedad, amor y poesía en la Grecia Antigua” de Francisco Rodríguez Adrados. La lectura me enfrasca y me estimula. Los capítulos dedicados a la mujer y lo femenino en la Odissea despiertan mi fuero reflexivo y conecto con un trabajo ensayístico que llevé a la práctica a través de un curso que di en la librería Pròleg hace ya muchos años. Lo titulé “Viaje a la mujer soñadora” y estaba inspirado en esas figuras femeninas de la Odissea. Como todo lo que es raíz en nuestra vida, la visión sobre el tema, con el paso de los años, se ha amplificado, profundizado y revelado nuevos aspectos. Escribo fluidamente varias páginas en mi cuaderno y con un poco de pena pongo punto final porque ya es la hora y tengo que salir a esperar a los chicos a la puerta de desembarque. Cuando llego allí algo no funciona, no está anunciado el vuelo de Madrid. Apenas me da tiempo a inquietarme porque una voz me pregunta si soy Eva. Yo sé que es Fernando porque me han dicho que es pelirrojo y porque quién va a saber mi nombre en el aeropuerto de Atenas. Detrás de él está mi prima Teresa con cara de agobio llevando en brazos a Iris, que con un año y medio será la compañera de viaje más joven y más preciosa con la que compartir una aventura. He metido la pata hasta el fondo de los tiempos, y es que el tiempo en el que habíamos quedado era el griego. Así que corremos hacia un taxi porque en autobús ya no llegamos a coger el último ferry a Hermioni. Negociamos el precio con un taxista sacado de los “Fragel Rock” y en el coche voy recibiendo los pormenores de la búsqueda y captura de mi persona mientras yo tan felizmente filosofaba sobre las sirenas, el deseo y otras lindezas. Se ve que los altavoces han resonado con mi nombre, y aunque me avergüenzo de mi despiste, también me impresiona esa voz del Corifeo llamándome a escena y mi vacío por respuesta.

El ferry va a toda pastilla, mejor dicho a todo nudo, pues es en nudos como se mide la velocidad en la mar y en el aire. La azafata nos riñe por salir a cubierta y sólo nos será permitido cuando el barco aminore la marcha porque llegamos a los puertos. Iris corretea sin problema por los pasillos, intrépida y determinada, cada vez que se cae se levanta. La verdad es que en una de estas se hace un pequeño chichón, pero apenas llora. Es muy valiente. A sus espaldas, Teresa y Fernando trafican con cinco quilos de conguitos que han traído “por si las moscas”, delicioso plan de salvamento al que atacaremos en horas tontas, listas, enteras y medias. En la tele un monitor de televisión con el volumen generosamente alzado ofrece una teleserie griega. La peluca rubia de una de las actrices que sin duda interpreta el personaje de “la mala” me tiene fascinada por el horror mismo. Pienso en el peinado de la ex reina Sofía, esa cosa cincelada y sin vida que recordaba a los cráneos de quita y pon de los Pin y Pon. Reflexión esta cacofónica. Ya es de noche cuando llegamos a Hermioni.

En el pequeño puerto de Hermioni nos espera nuestro capitán, Fernando. No tenemos que andar mucho para llegar al Ralip, el velero que será nuestra casa por una semana. Superado el primer desafío de cruzar la estrecha pasarela ya estamos dentro. El capitán, con extrema generosidad me cede su camarote. Yo insisto en que no y el en que sí. Mi política es obedecer al capitán. Dormiré, pues ,como una privilegiada, en la proa del barco, mi cama tiene forma de pico y una escotilla arriba me permitirá asomarme cuando vuelva cada noche del baño, a ver si cazo la luna y las estrellas. Hasta tengo un armarito estrecho e irregular donde meter mis pertenencias.

Vamos a cenar a un restaurante del puerto, precioso, donde nos sirven un surtido de platos griegos que están buenísimos. A Teresa y a mí nos han entusiasmado las berengenas rellenas. El vino blanco va a acompañar nuestras comidas y cenas. Es ligero y muy bueno. Saludamos a los dueños del restaurante que ya conocen a Fernando Capitán desde hace mucho, pues este lobo de mar de raíces gallegas y larga vida menorquina, lleva nueve años surcando las aguas griegas con el Ralip. La dueña es Miren, una mujer vasca encantadora. Un pequeño paseo después de la cena nos pone en la pista de que los griegos son amigos de los dulces, panes y pasteles hechos con calidad y esmero. Hacemos acopio de provisiones para el desayuno que, nos anuncia el capitán, será ya navegando. Partiremos tempraneros de Hermioni. Hemos atravesado callejitas estrechas hasta cruzar al otro lado de la bahía. Hemos visto pulpos colgando como reliquias de los toldos de los restaurantes. Despido a la luna en su travesía creciente y cierro los ojos. La mar acuna. Mañana más.

lunes, 12 de octubre de 2015

CATAVIENTOS, cuaderno de Grecia 1_los preliminares



los hilos de colores que se ponen en las velas para saber catar los vientos se han vuelto cabellos, olas, pájaros, sueños...

Hoy, 12 de octubre, día del Pilar, el Ralip, velero de dos palos, saldrá del mar Griego para pasar el invierno en dique seco en la hermosa isla Aegina.  A Fernando, su capitán, quien tan generosamente nos acogió en las últimas travesías de la temporada, le aguardan nuevas rutas con su caravana. Verdadero peregrino de espíritu libre, a él y al amor que profesa su barco, van dedicadas estas notas del viaje que compartimos, con gratitud y un brindis de orujo.


///La noche antes de mi partida es incómoda, duermo en el despachito, apretada entre paredes forradas de estanterías, cajoneras y el ancho escritorio que tiene estampadas en su cristal flores y mariquitas. El escritorio de la Reina Coralina, una especie de bola de cristal aplanada como un mapa mundi, sobre la que, en tantas horas, me he acodado para escribir. Ahora ya no escribo ahí, no puedo. Tampoco frecuento las estanterías, y eso que todo el grueso de mi trabajo como directora de escena y como escritora lo he almacenado en los altos de los armarios. Creando espacio para lo nuevo, dije a los amigos que me ayudaban a subir las cajas.

La pequeña maleta y la mochila están al lado de la puerta. Fernando Biólogo ha insitido en que llevemos pocas cosas, porque en un barco hay poco espacio. No me cuesta nada hacer una maleta sobria. La cuestión de los pies es la que más abulta; además de las sandalias que llevaré puestas meto unas deportivas, porque un zapato cerrado puede ser vital si tenemos que andar por islas pedregosas, unas cangrejeras, porque si estoy nadando por la costa y quiero subirme a unas rocas -con lo sensibles que tengo las plantas de los pies las voy a necesitar-, y unas chanclas para moverme por el barco. Luego descubriré que por el barco hay que ir descalzo, pero aún así las chanclas me vienen muy bien para los días de lluvia. En el calzado acierto porque todo me va a servir.

Tendré un vestido oficial, un “hiperponible”, y anilizando los pros y contras de cada una de las prendas del armario me he decantado por el vestido de lunares. Los lunares me dan alegría. No son muy griegos, bien es cierto, pero llevar un vestidito de vuelo cuyo motivo es la noche profunda salpicada de lunas llenas me parece un bonito poema téxtil para brindar a las islas. Ayer, en un rapto, me fui a El Corte Inglés de Can Dragó a ver si quedaba alguna ganga en las rebajas de bañadores. Y sí, estrenaré un par de biquinis, mira que bien, aunque ni bien el capitán se ponga en cueros haré lo propio, porque a la mar me gusta entregarme con toda la piel en su inocencia. Completo con un pantalón fino, una camisa de manga larga, dos camisetas, una chaqueta de forro polar y capucha por si las noches traen mucho relente, una falda vaquera que solo me pondré la mañana de mi marcha, calcetines y mudas.

A las 5.30 de la madrugada pliego la cama donde apenas dormí. Aún me da tiempo a transplantar la pequeña planta que compré hace unos días. La siento contenta, respirando en un tiesto mayor. Me despido de mi pequeño bosque y cierro la puerta con cautela y dos vueltas de llave.

lunes, 14 de septiembre de 2015

In the pines, una balada negra

Adopto esta hermosa canción llena de misterio,

una pregunta que se reitera

una melodía que vaga como el ulular de viento frío

una historia inquietante,

black girl, black girl

anidas en mi garganta,

empiezo a ensayarte para el nuevo proyecto que ha de venir


miércoles, 6 de mayo de 2015

Los descansos y los días ibicencos (2)

Entre las rocas, bandadas de peces me saludan. Son muy prudentes, nos miramos a cierta distancia. Los más pequeños casi me dejan atravesar su nube sin grandes aspavientos y huídas. Este agua transparente y gozosa, esta alegría animal. Al salir de la playa ya comienzan los pinos y la laderita con profusión de flores amarillas, lilas, violetas, blancas, rosadas. Me fijo en una de tallo largo y cabeza redonda formada por un montón de pétalos alargados y duros. Mi prima Teresa, bióloga, me enseñó a distinguirla en los largos paseos que dimos por Lores. Es la flor del ajo. Toco con delicadeza los pétalos y me llevo las yemas a la nariz. Sí, he acertado. Arranco dos flores que al final del tallo presentan su pequeño bulbo salvaje. En casa bato dos magníficos huevos verdaderamente ecológicos -un compañero de trabajo se los trae a mi amigo de sus propias gallinas-. Esparzo los pétalos y hago una tortilla preciosa, una obra de arte. La luna, también blanca y rosada, se llena lentamente sobre mi cabeza.

//
El domingo por la noche vamos a la Milonga Gaucha a Ibiza. Un rato antes he estado en la orilla de la mar, mirando a la luna llena y su camino brillante como una alfombra mágica cubriendo las aguas. Sobre ese lecho de agua plateada he depositado mi oración y mis lágrimas. Los veo caminar, ascender, entrar en la redonda puerta de la luna. Ya en la entrada de la casa, entre los rosales amarillos encuentro a Ignacio con las llaves del coche en la mano. Me decido de repente y nos vamos juntos a bailar. Yo no sé, por otra parte, bailar tango, pero Marcelo, que es el anfitrión de la milonga, me saca a la pista y camino hacia atrás escuchando el ritmo, apilándome contra su pecho, fluyendo hacia atrás; porque las mujeres en el tango viajan de espaldas. Al finalizar mis compañeras de milonga aseguran que lo he hecho muy bien. Hablamos, comentamos los giros de los danzantes, Cristinne insiste en que vea un vídeo del gran Gabito. También bailamos una chacarera, tres hombres de un lado, tres mujeres de otro, batiendo palmas, acercándonos al centro, alejándonos, volviendo a acercarnos, girando, y el ritmo del folklore me hace reir. Al volver a casa le cuento a Ignacio cómo he disfrutado en cada verano de los viajes nocturnos en coche, ese olor y esa sensación tan inefable del campo nocturno, de los pinos fantasmas apareciéndose y dejando tras de sí un rastro de olor aún caliente por todo el sol que les cayó en el día. La noche de primavera es distinta, pero la emoción está aquí, en el pecho. Al llegar a San Carlos le pido que se desvíe para ver la carabana de Raimundo, donde me alojé el primer verano gracias a la generosidad de mi amigo, y donde él mismo ha vivido tanto tiempo. No vemos nada, claro, porque todo está oscuro, pero con los ojos de la memoria aprovechamos la penumbra para iluminar recuerdos, los caracoles que hacían fila en el murete de piedra, el señor Carlos con el que tuvimos tan linda conversación, y sobre todo Catalina, la madre del hombre que alquilaba la carabana, una mujer muy vieja y encantadora que no había salido de la isla nunca. Ignacio me cuenta que grabó la última conversación que sostuvieron antes de que ella muriese. Está apenado porque no sabe dónde está ahora esa conversación. Yo pienso en todas  las conversaciones memorables que uno tiene en su vida, ¿quedarán inscritas en la banda sonora del aire?, ¿las escuchará de nuevo algún dios en su radio, mientras emprende un viaje hacia la construcción de nuevos universos?

viernes, 1 de mayo de 2015

Los descansos y los días ibizencos

Día azul. Estrías de nubes en el cielo. Camino costeando por pequeños senderos. A veces el olor de los pinos llega como una ola magnánima, cubriéndome de alegría, esa alegría sutil que trae el perfume. Un coche se para y me pregunta con toda confianza, como si fuera una lugareña, y yo respondo con todas las ganas, sugiero pequeños cambios en su ruta. Nos miramos a los ojos, nos deseamos el mejor de los días. Voy sola por el camino. Hierbas altas que se cimbran, muchas flores en las cunetas, de todos los colores, campos tranquilos. Bajo la empinada cuesta y me recibe Aiguas Blancas, bella y a esta hora temprana casi desnuda, como la muchacha que me saluda. Me sumerjo en las aguas nuevas de mayo, dulcemente frías. Gracias a las gafas de buceo puedo dar los buenos días a algunos peces. Hoy me parece el mejor de los oficios, estar viva y ser educada con todo compañero de viaje.

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Tarde ventosa, que si sí, que si no, me llevo un jersey fino por si acaso echado a los hombros. Me han dicho que si cojo esta bifurcación podré atravesar la montaña y llegar andando hasta el Pou des Lleó, mi lugar favorito en la isla. La subida es amable, las orillas verdes, casas diseminadas y medio escondidas. Una se vende, no me cuesta imaginarme viviendo en ella. Por un momento dudo y tuerzo a mi izquierda. un ataque de tos me hace verter lágrimas, todavía estoy saliendo del catarro, no puedo parar, es desquiciante. Vuelvo sobre mis pasos. la tos me ha dado miedo, como de morir tontamente, y desecada, porque no llevo agua, no llevo nada en las manos. Un perrillo me está esperando, parece un cachorrillo. me mira serio. Lo acaricio. Anda unos pasos en pos y se gira. Comprendo que, como en las leyendas, un animal ha salido a mi encuentro para enseñarme el verdadero camino. Hécate está de mi parte. El perrillo me señala el camino de tierra que antes desheché, sorprendentemente mi tos se calma. Ahora el camino es todavía más bello. Unas cabras en un campo me miran curiosas mientras ramonean sus yuyos. Dos conejos salen disparados y se esconden. Las tórtolas sienten mis pasos y emprenden un vuelo que deja temblando el aire. Sigo y sigo, reconozco un muro de piedra donde llegué hace tres años, en un viaje en sentido inverso. Como si fuese un sueño el camino tiene algo de pasillo de una casa enorme y destartalada. Llego a ese espacio naranja y azulverdoso que tanto amo. Enfrente la isla de Tagomago. El alma sabe dónde nació por primera vez, mucho antes de que la vistieran con un cuerpo.

viernes, 17 de abril de 2015

HE YACIDO DÍAS ANIMALES en Sant Jordi




Acompañando este día lleno de amor a la palabra, estaré firmando ejemplares de mi poemario
He Yacido Días Animales.

Nos encontrarás en la mesa de la editorial Parnass, en Rambla de Catalunya, a la altura del número 26, entre Diputación y Gran Vía.

martes, 2 de septiembre de 2014



POESÍA A LA NARANJA

Todos los sábados de septiembre, a las 20.00 horas, abrimos un espacio donde encaramarse a la belleza y disfrutar de los sabores de la poesía

Empezamos el sábado 6 de septiembre, en luna creciente 
Se servirá un menú de poesía
Y para los más sibaritas se ofrece también una carta con especialidades de la casa que podrán elegir con la debida gentileza para goce de todos.

Intérpretes y oficiantes: Júlia Bel, Eva Hibernia, Karel Mena
Poemas de: Eva Hibernia, Júlia Bel y otras voces convidadas

Colaboración: 5 euros

Imprescindible reserva: 629109387
Aforo limitado

6 de septiembre a las 20.00 horas
Terraza anfitriona: Tres Torres 40, 3º2º
(FF.CC. La Bonanova, Bus H6, 14 y 16)


ES UNA IDEA DE LA TERRACITA POÉTICA DE SARRIÀ

lunes, 9 de junio de 2014

NIÑO FÓSIL_ la belleza cruda de la piedra que aún duele


Hace tiempo Albert Tola, amigo y compañero en el oficio de las letras, amigo y cómplice en la pasión por la escritura, me pasó un monólogo titulado El chico de los dedos rotos. Era un texto compacto y duro y si mal no recuerdo se ceñía en torno al recuerdo de un hecho muy específico en la vida de su protagonista. Como Albert y yo nos conocemos desde hace años sé que en él las obras maduran lentamente. La profundidad de su arte no tiene prisas, sabe cuando es tiempo para el magma de la escritura, cuánto es el tiempo para el reposo de lo escrito, cuánto el silencio para que los estratos del texto cristalicen cada vez más finos, más precisos, más implacables con la dimensión de lo que quiere contar. Por eso no me extrañó todo ese tiempo de lenta sedimentación y elaboración de la idea que le obsesionaba y que ha fraguado, al fin, en un texto al que voy a calificar de maravilloso, porque simplemente lo es. El alma de aquel primer chico de los dedos rotos ha encarnado de manera sublime en un texto mucho más complejo titulado Niño Fósil


Cuando preparábamos las conferencias que íbamos a dictar el pasado noviembre en Sgae Barcelona sobre el misterio de la creación y los procesos de la escritura asociados a los procesos del inconsciente, Albert me habló de la situación que había desencadenado la feliz metáfora que iba a vertebrar toda la estructura de Niño fósil. En 2011  participó en calidad de guionista en la película Interfencias de Pablo Zarezeansky –que ha cosechado premios en distintos festivales- y allí conoció al actor Rodrigo García Olza. Entre los dos surgió el deseo de elaborar un proyecto conjunto y en 2013 empezaron a reunirse para darle forma. Después de una de aquellas reuniones y para despejar la cabeza decidieron entrar en el museo del céntrico seminario de Barcelona que Albert no conocía. Entre bromas, sorpresas y alusiones al Génesis, deambularon por una sección del museo dedicada a la paleontología y a los fósiles. Y fue en ese instante cuando cuajó la metáfora que tan arduamente estaban buscando, el protagonista de la historia era un muchacho y un fósil.

Para mí el gran acierto de esta imagen, el niño fósil, no es sólo como la explora y la trabaja su autor, de una manera tan exquisita que el propio lenguaje y lo que va contando se convierte en estratos de diferente textura, en distintas capas de la memoria, en distintos paisajes cada vez más al hueso o al corazón de la voz y el alma de esa voz, también me parece extraordinario que esa contundente metáfora nunca pierde la riqueza de su naturaleza, nunca se literaliza en un único sentido. Hacer eso no es nada fácil. Y quizás esa virtud es la que permite que el sentido emocional del lenguaje cale más hondo dentro del espectador para reconocer el fósil que cada uno de nosotros llevamos dentro, con su propia historia, con su propio paisaje, con su frío detenido en una parte de nuestro cuerpo y nuestra mente.

Otro de los aciertos de este texto, para mí, es el equilibrio de su belleza, una belleza que adquiere frases de una limpieza que refulge como un chispazo en el oído y que deja ecos de sentidos que van filtrándose adentro del espectador. Pero además el lenguaje se modula como un rico tapiz, lleno de ritmo y musicalidad, donde la cercanía del niño fósil nos apela, cobra ligereza, ironía, y también sus silencios, que adquieren la solidez de las raíces, los silencios desde donde se nutre la necesidad de decir. En ese equilibrio, en esa belleza, hay por encima de todas las cosas falta de artificio, de esteticismo. Todas las palabras tienen tacto, corazón, y por ello el texto toca a quien lo escucha, por eso el texto late.

Recuerdo que era una tarde de sol e íbamos paseando cuando Albert me dijo que había tomado la decisión de dirigir él mismo el montaje. Me causó tanta alegría como si me hubiera regalado un collar de diamantes. Durante los largos meses del proceso de ensayo hablamos en ocasiones de cómo iban las cosas hasta que un día me dijo, "lo tengo, es mi propuesta, puede que guste o puede que no, pero así es como yo lo siento y lo cuento". Tengo que destacar que en estos áridos tiempos de crisis Albert y Rodrigo han hecho la producción desde su bolsillo y desde sus riquezas, y es que ambos tienen la riqueza de tener talento y de conocer a profesionales talentosos que se han entusiasmado con el proyecto. Es el más difícil todavía, de la nada sacamos oro puro. Y la alquimia la han obrado, bajo la dirección de Albert, María Doménech que se ha encargado de la iluminación, el espacio escénico y la caracterización, Pablo Zarezeansky en audiovisuales, Constanza Brnzic en movimiento, Cecilia Ligorio en coach y colaboración a la dirección, Ignasi Pascual y Jordi Pascual en espacio escénico y por supuesto el actor Rodrigo García Olza. Además de este equipo artístico el montaje ha contado con la colaboración de Ana Yael en el diseño gráfico, Alfonso Díez en asesoramiento técnico, y el apoyo en producción de nuestra manager Montse Pascual que tanta fe deposita en el trabajo de Albert y en el mío. Después del estreno, con un vaso de vino y celebrando el esfuerzo y la emoción, María Doménech  me comentaba que había sido fácil y gratificante trabajar con Albert, un director generoso que escucha y dialoga con sus colaboradores.

Yo tuve el privilegio de asistir a la función en el ensayo general del día anterior al estreno y allí ya me quedé cautivada por la puesta en escena. El collar de diamantes que sentía que Albert me había regalado con su decisión de dirigir su texto resplandecía. De todos los montajes que he visto sobre sus otros textos éste es para mí, sin duda alguna, el que toma todo el aliento del texto y lo alza en el volumen carnal de la puesta en escena. La propuesta de Niño Fósil hace honor a la contundencia y la falta de artificio del texto, y en la sencillez encuentra una radicalidad que nos acerca suavemente a la orilla de las emociones demasiado grandes, porque las emociones que trabaja el texto son tan grandes que comportaban un riesgo de destrucción a la hora de traducirlas a lenguaje escénico. En ese vino de después del estreno hablaba con Cecilia Ligorio (¡cuánto talento y cuánta generosidad!) y le decía que para mí es un montaje Ying, usando la terminología de los taoistas, es delicado y a la vez está lleno de fuerza. Creo que Albert tiene un enorme instinto teatral y sabe muy bien cómo crear tensiones que dan profundidad y riqueza en la relación entre escena y espectador. Su sentido de la proporción y de la armonía, innatos en una persona con su basta cultura musical, hacen que la urdimbre invisible del montaje sea de un gran clasicismo, sin embargo los elementos tal y como son utilizados nos hablan contemporáneamente, en una frontera donde lo sacro y lo desacralizado se tocan y hacen emerger la dimensión espiritual de la pieza.

La noche del estreno coincidimos varios amigos, con los ojos brillantes y el entusiasmo en los labios. Recuerdo que Alfonso Levy me decía que le había impactado ese deseo del fósil que todos hemos sentido alguna vez: volverse piedra para no sentir ya más, pero... pero la piedra se da cuenta de que a pesar de ser piedra no sentir es imposible.

Espero, deseo y confío en que esta joya tenga larga vida en los escenarios, donde el buen teatro merece vivir y expandirse.